domingo, 9 de enero de 2022

El saber: sistemas abiertos y dinámicos

A mediados del siglo XX, en el campo del conocimiento, vemos nuevas disciplinas que comprenden los sistemas dinámicos: la cibernética y la ecología cultural. 
Respecto de la primera, Reynoso la considera dentro de las “teorías o modelos sistémicos” (...) “por su énfasis en los fenómenos dinámicos, en los universos totales abiertos a su entorno, en los procesos complejos y en las interacciones fuertes”. La cibernética fue propuesta por Norbert Weiner hacia 1947”[XXIII]. 


El otro antecedente es el enfoque ecológico. “Después de la Segunda Guerra Mundial se comprendió que no son las especies como tales las que constituyen las unidades de supervivencia, sino los sistemas de especies, en el contexto de un medio ambiente. Este es, en síntesis, el modelo ecosistémico, elaborado en ecología humana y animal por Howard Odum, R. Margalef y otros autores”[XXIV]. 



Este enfoque, en el campo de la antropología y la arqueología, inaugura la pregunta: Cómo funcionaban las culturas vivas, más allá de la impresión estática que se habían hecho los arqueólogos hasta entonces. Además se hace evidente el hecho que “las culturas no se relacionan simplemente unas con otras, sino también con el entorno. Steward bautizó con el nombre de “ecología cultural” al estudio de los modos en los que la adaptación al medio puede motivar el cambio cultural”[XXV]. 

En arqueología el caso paradigmático fue la “importante excavación de Clark, de Star Carr, en el noroeste de Gran Bretaña, a principios de la década de los 50, demostró el gran volumen de datos que se podía extraer”[XXVI].



En definitiva, a mediados del siglo XX se da un pasaje en el modo de conocer y producir conocimiento: de la Historia al Sistema. Las preguntas, que a partir de ahora van a orientar el pensamiento, cambian. La pregunta sobre el origen es reemplazada por: ¿Cómo funciona?; ¿Cuáles son las leyes del funcionamiento? 


Este nuevo modo de conocer tiene efectos sobre el modo de concebir el tiempo que se conoce. Contempla la suspensión del tiempo histórico para que tenga lugar el tiempo lógico. El tiempo del sistema, o de la estructura, es un tiempo no-histórico, plegado a la dimensión sincrónica. 

Acceder a este tiempo novedoso es la puerta de entrada a un nuevo objeto: los sistemas. Una característica novedosa de estos nuevos objetos es el carácter dinámico, de feedback, o retroalimentación con el entorno. Un ejemplo paradigmático de ello es el desarrollo de los termostatos.



Este nuevo modo de conocer, las nuevas preguntas, los nuevos objetos, impactan directamente en la tecnología; y ello directamente en el modo de pensar y hacer la guerra. En el siglo XIX se funda una fructífera relación entre el campo de la guerra y el de la ciencia. Pero durante el período que abordamos, (que llamo de la modernización) este vínculo se estrecha aún más, puesto que la ciencia en muchos aspectos se profesionaliza, al mismo tiempo que se vuelve orgánica del aparato militar industrial. En adelante la guerra, como nunca antes, va a ser el motor del progreso de la ciencia y de la técnica. Y al mismo tiempo, todo ese nuevo saber es refractado hacia otros campos disciplinarios.

Durante principios del siglo XX era común la construcción de cronologías relativas, sobre la base de los extendidos estudios estratigráficos realizados hasta entonces. Pero en 1945 ocurren por primera vez las secuencias cronológicas absolutas gracias a la datación por radiocarbono. “La medición absoluta del tiempo mediante métodos científicos es sin duda uno de los grandes logros de la investigación interdisciplinar. Fundamentalmente se trataba de combinar la física y la química con la arqueología. Willard Libby fue el primero que desarrolló con éxito la técnica del radiocarbono, justo antes de finalizar la guerra. Su trabajo fue recompensado con un Premio Nobel en 1960”[XXVII]. A partir de ahora los arqueólogos podrían datar cualquier objeto sin necesidad de recurrir a complicadas cronologías comparadas de culturas datadas por métodos históricos.



Otro caso notable, de relación estrecha entre los campos del conocimiento y el de la guerra, es la ya mencionada cibernética que se “concibió poco después de la Segunda Guerra mundial, en relación con el control y la corrección del tiro de los cañones antiaéreos”[XXVIII]. A través de la operación de feedback, o retroalimentación, el sistema de tiro lograba auto corregir el disparo haciendo que “los efectos pasaran a formar parte de las causas”[XXIX]. 




Otro ejemplo: se trata de “una invención capital. En 1935, el Ministro del Aire de Inglaterra había preguntado por el rayo de la muerte, para ver si era imaginable utilizarlo contra bombarderos enemigo. Watson Watt, del National Physical Laboratory, le respondió que el rayo de la muerte no era realizable bajo esa forma, pero , en cambio, que no era imposible detectar un avión fuera del radio de la vista humana, gracias a la reflexión de las ondas electromagnéticas en la ionosfera, De esa respuesta nació la Radio Direction Finding, que cambiara sus iniciales RDF, por el nombre de RADAR“[XXXI]. La lista es larga, a vuelo de pájaro podemos mencionar la fisión nuclear, la cohetería y el motor de propulsión a chorro para aviones. Estas invenciones son producto de la relación simbiótica y estrecha que se instituye en el complejo militar industrial.



El efecto que tienen el radar y el sonar en el campo bélico es similar al efecto que producen la aparición del método hipotético deductivo en el campo de la filosofía de la ciencia. Pero argumentar sobre cómo la guerra produce una abstracción del campo de batalla es un poco más difícil que hacerlo en el campo del conocimiento. Veamos los antecedentes:
En la batalla de Sadowa, en 1866, el ejército prusiano realizó una gran innovación. El tren movilizaba las tropas y el telégrafo movilizaba las órdenes. Así se expande el campo de batalla. Y ya no habrá Gran Comandante que se encuentre en el campo de batalla dirigiendo. Ahora el que manda lo hace desde afuera del teatro de operaciones. Von Moltke lo hacía detrás de un mapa en el cuartel general. En éste ejemplo ya encuentro cierta abstracción del campo de batalla. 
Pero no es hasta la aparición del radar que se funda un espacio nuevo dentro del campo de lucha. La zona de conflicto es alterada, por lo menos en dos sentidos: uno, se le agrega una variable radicalmente nueva: la velocidad (ya lo vimos con la guerra móvil); por el otro, se duplica en un espacio abstracto, proyectado sobre el espacio aéreo, pero que no es el espacio aéreo mismo, sino una virtualidad producida por una máquina llamada radar. Ese espacio radárico se superpone sobre el viejo campo de batalla.
El radar es a la lógica de la guerra lo que la Teoría General de los Sistemas, o el método hipotético deductivo es a la ciencia. Es decir, lo empírico, lo puntual, lo particular, deja de ser la piedra de toque para pensar. Antes de la aparición del radar los ejércitos sólo podían avistar aviones enemigos con la visualización desde tierra, en puestos de avanzada. A partir del radar el enemigo es un punto en una pantalla.




La abstracción del espacio de verdad ocurre también en la arqueología. Lo vemos respecto de la polémica entre historia cultural y la Nueva Arqueología, donde la primera ve sólo un objeto arqueológico, un punto, la segunda ve todo un espacio, totaliza el volumen que rodea al objeto. La Nueva Arqueología, a partir del objeto empírico logra la explicación del sistema de prácticas que hizo uso de ese objeto. La totalización significa, en éste, caso desplazar la atención puesta en el objeto, para ponerla en las conductas que hicieron uso de él. Y también podemos ver cómo en la Arqueología, al igual que en el arte de la guerra y la epistemología, aparece la dinámica y la movilidad: ya no la descripción exhaustiva del objeto hallado sino el estudio de una cultura hipotética viva, versátil, fluyente, contrario a la cultura material del historicismo.

Este periodo que va desde la segunda guerra mundial hasta la crisis del petróleo a principios de la década de los 70, la llamo modernización. Aquí repasamos brevemente la modernización en el campo de la epistemología, la guerra y la arqueología.

La costa atlantica

 Aca estamos, en el borde del continente. Quizas un borde geografico permita forzar de algun modo un umbral del dispositivo, para quedar un poco en el limite y poder pensar desde ahi.


viernes, 6 de marzo de 2020

martes, 3 de febrero de 2015

Nisman o la política excluyente

La gente de a pie no tenía ni idea qué era eso de la “guerra de inteligencia”, ni de qué la iba la denuncia del Fiscal Nisman. Era otro capítulo más de la puja entre el gobierno y el monopolio. De pronto, y por arte mediático, la cara del fiscal inunda los medios: hallaban su cuerpo muerto sin vida.

¿Alguien vio el cuerpo? Sólo queda confiar en los que dicen haberlo visto. Y sólo queda confiar. Confiar en los que dicen haberlo visto suicidado; en la palabra de otros, (algunos de los cuales operan sin escrúpulos), mientras nosotros miramos la pantalla.

Pero no es un momento apacible donde sólo queda confiar y ya. Muerto el fiscal, (o mediáticamente muerto el fiscal, o el fiscal muerto en los medios), es cómo si la burbuja de vidrio con nieve adentro se agitase fuertemente y empezase el juego de las sillas. La noticia es replicada a toda velocidad y lo único que se sabe es que el tipo está muerto. A ver, algunos lo saben, la mayoría, la extrema mayoría de la audiencia, de los espectadores, de los consumidores de información, no sabemos nada, sólo tenemos información muy manipulada. El juez, los que instruyen en la causa, algunos peritos, y algunos participes de las esferas más altas del poder político, económico y mediático realmente saben. A nosotros, los espectadores, sólo nos queda confiar, mirar, escuchar, leer.

Volviendo a la burbuja de cristal con nieve adentro: la noticia, y las interpretaciones, se multiplican rápido, y empieza un combate político (abierto por las incertidumbres del caso). ¿Lo mataron? Y si lo mataron, ¿lo mato el gobierno? ¿O lo mató otro agente interesado?, (la CIA, un ex SIDE, el Mosad, los Iranies). Y si se suicidó, ¿fue inducido?;  y si no, ¿sólo hubo convicción, sin influencia de terceros? Y si se suicidó sin ser inducido, ¿fue porque se vio derrotado y avergonzado por un probable papelón al denunciar una fantochada? ¿o su suicidio es parte de una estrategia altruista, y el fiscal ha querido adjuntar, a una denuncia sosa, un fiambre? Porque, a mi entender, esa denuncia no es más que otro episodio de “Periodismo para todos”, acompañado por firma, sello y membrete. Sin embargo, con cadáver adjunto, la denuncia deviene un verdadero artefacto explosivo.

Usualmente, ante circunstancias similares, es decir, un fiscal que denuncia al presidente, y aparece “suicidado”,  la historia enseña que a ese muerto se lo cargó el poder político; (es decir algún esbirro del poder que operó con toda la impunidad que el caso le permitía). Sobre esas marcas que ha dejado la historia de la política en la población se acomoda el caso Nisman. Pero hay otras marcas más. Hemos visto al poder económico, mediático, para-político, operar de los modos más tenebrosos y desestabilizadores. Entonces sobre esas marcas también se apoya el caso Nisman.

El tema es que, en lo inmediato, mucho antes que la Justicia hable, existe una urgencia política en los operadores. Y esos operadores van a montar sus trucos sobre las marcas antes dichas. Hay una potencialidad política en la situación abierta a la que se le puede sacar provecho. Y esa potencialidad caduca. Cuando la justicia se expida ya se habrá agotado. De hecho la potencia surge del desfasaje temporal entre la vertiginosidad mediática y la minuciosidad judicial (ni hablar de la parsimonia burocrática). En ese tiempo en que el elefante blanco dictamine la verdad jurídica, la verdad mediática será zamarreada de aquí para allá.  Esa verdad es transitoria, es efímera, pero tiene efectos concretos y altas chances de mover el tablero.

Esa guerra por la verdad urgente y mediática produce espectadores de la política. Producen sujetos que quedan paralizados sin capacidad crítica, reducidos a consumidores fieles a sus vehículos de información.  Todos aquellos que hemos sido interpelados por la primera noticia, la que decía del hallazgo del cuerpo del fiscal, hemos sintonizado el canal, el programa, el diario, la página que acompaña nuestras sospechas; y las alimenta. Nos hemos vuelto repetidores activos de contenidos, polemizadores acérrimos, acríticos, monocordes, monotemáticos. Todo ello produce empobrecimiento simbólico, signado por el antagonismo automático. En la base de la pirámide sólo encontramos radicalización de la opinología.  

El caso Nisman es tan incierto, estamos, los de a pie, tan lejos de saber algo sobre él, que sólo nos queda reforzar el posicionamiento ideológico anterior. Para cada sujeto no hay dudas al respecto. No hay dudas que lo mató el gobierno. No hay dudas que es una jugada del monopolio o del Norte. No hay dudas que todo esto es una prueba más de lo abyecta que es la política. ¿Y por qué nadie duda? ¿Por qué  frente a un caso plagado de incertezas los espectadores políticos no tenemos dudas? Porque la duda aparece cuando tenemos un cuadro de situación parcialmente armado y de modo intermitente aparecen opacidades. Es decir, sólo cuando nos podemos figurar el cuadro general, pero algunos aspectos parciales nos quedan en las sombras, tenemos dudas.

Si todos los aspectos de la situación son evidentes no hay dudas. Pero si ninguno lo es tampoco podemos formarnos la. Y ante la impotencia de hacernos la duda nos quedan dos caminos: o bien mantenemos la incertidumbre (lo cual, creo, estamos a millones de años luz de distancia, y además poseemos una ajenidad cultural de dimensión geológica con respecto a tolerar la incertidumbre), o bien tomamos posición de certeza. Entonces todos opinamos y aseguramos saber qué pasó: lo mataron, lo indujeron al suicidio, se suicidó, son todos unos boludos, la política es una mierda, se mató por forro, lo mató el Mossad, etc, etc, etc...

Si algo defiendo del kirchnerismo es su capacidad de politizar la sociedad. Lo hizo con el conflicto con el campo y la 125, lo hizo con el matrimonio igualitario, la ley de identidad de género, la ley de medios y la democratización de la justicia. Defiendo la horizontalización de la política, la politización de la sociedad, la generalización de la participación. Pero el caso Nisman logra la victoria de la política excluyente, la verticaliza, arma una pirámide donde el juego se juega en el vértice y lo juegan pocos. Nadie sabe nada y lo poco que se sabe lo saben pocos. Todo se vuelve incierto y se propaga la angustia. “si te metes con el gobierno te matan”; “si te metes con la corpo y los de Norte te tiran un muerto”;  “si te metes en política, o querés cambiarla, te matan, o te tiran un muerto, o apareces suicidado”.  Sólo queda confiar, mirar la pantalla y opinar, mientras las fichas las mueven unos pocos, quieran o no.

Quisiera este alboroto por las denuncias de un poeta y no por los delirios de un fiscal. ¿Se imaginan si un poeta se las pasa diciendo a los cuatro vientos que va a denunciar al presidente y luego aparece “suicidado”? ¿Tendríamos este quilombo? Pues no. Y por eso, porque nos conmueven los delirios de un fiscal empedernido, sospechoso de todo, sin pruebas de nada, es que nos resta mil años de maleficios. El día que le temamos al poeta muerto por sus denuncias, y no a los delirios del fiscal, ahí habremos logrado algo como civilización.

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viernes, 9 de enero de 2015

Roja mi sangre

Estamos dentro de un misterio
el misterio del color
de la camiseta

 

Un misterio generoso
que siempre tiene más para dar
y cuando pensas que  perdemos 



vuelve Independiente 
y hace dos goles
y lo da vuelta
el misterio da vuelta
el fondo arenoso el devenir




Otra vez el infierno 
en Gerli, Avellaneda
tomando birra, escuchando Flema
al calor del fuego que asa costillas

http://www.youtube.com/watch?v=2_GQDZBjoHg


Flema, birra, fuego, asado
El rojo se cogio a la academia
otra vez, y son 23












El misterio no se revela 
pero se muestra, 
se abre ante nosotros
en un rincón de Avellaneda
gritando su secreto
gooooooooooooool, la concha de tu madre, gooooooooool!!!



y la muerte, tan generosa, como la alegría y el juego


con caprichos, eso sí


sábado, 3 de enero de 2015

Hacia un Teoría General de la Boludez




1. El boludo es mas peligroso q el hijo de puta.

2. El q se hace el boludo se manufactura boludo.

3. La boludez no es un objeto sino la distancia entre hacer las cosas bien y ser un boludo.

4. Cuando uno se reconoce boludo, ya es la mitad de boludo respecto de quien no lo hace.

5. La boludez opera con las artes de la simulación. Algo puede parecer boludo y no serlo, y viceversa.

6. Habría, al menos, tres tipos de boludos: a) quien no goza de destreza física y choca o tira cosas; b) quien no esta a la moda ni en el vestir ni en los temas en boga; c) quien no posee sensibilidad ni interés social, politico o intelectual...

6, bis. El boludo b), el q no está a la moda, suele ver como boludo al c), es decir quien no posee sensibilidad social, politica y/o intelectual. Y viceversa, el boludo q no posee sensibilidad social suele ver como boludo al que no esta a la moda. Una caracteristica de los boludos es que creen que el boludo siempre es otro.

7. En los grupos, el boludo es un lugar estructural. Llegado el caso en que el boludo instituido se mude de grupo su lugar lo ocupará quien más próximo se ubique respecto de dicho sitio.

7, bis. Por lo dicho antes, no es de extrañar que los cuasi boludos sean siempre quienes mas estigmaticen y remarquen la etiqueta del boludo instituido.

8. El rol del boludo en el grupo es marcar como piolas al resto de los integrantes.

9. Boludo! Como insulto, puede funcionar como acelerador de pasaje de categoría etaria, dirigido contra quien ya tiene las bolas grandes para seguir haciendo pendejadas.


11. En el terreno de la paradoja, no hay mas boludo q el ex boludo.

12. Boludazo es el q se mató por meterse un tres tiros en la boca, pero al revés.( http://www.lagaceta.com.ar/nota/471261/tucumanos/joven-murio-explosion-petardo-boca-estaba-ebrio.html)

13. El boludo no tiene término medio, o se mata o se sustrae de todo riesgo, por lo tanto muere.

14. El mote de boludo no siempre llega de afuera, en ocasiones el sujeto se postula como tal.

14 bis. No son todas malas para el boludo, serlo goza de incontables beneficios secundarios q se pagan con dicho rotulo.

15. Cuando uno es boludo la fisonomía queda pronto determinada.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Angustia

Es la cero hora. Cero, nada, ¿qué mejor momento para empezar a escribir sobre la angustia?

Como otras veces, como siempre, no voy a escribir sobre la angustia en términos objetivos, ajenos y distantes. Voy a escribir sobre ella porque es lo que me pasa. Si fuese fotógrafo y viajo a las sierras, le sacaría fotos, porque de donde soy no hay montañas, sólo planos y un río grande como el mar. Por eso, porque no es cotidiana ni habitual la angustia, ahora que se me ha instalado, la aprecio fascinado.  La angustia es como una montaña en una planicie dónde ayer no había nada. No me pasa seguido, por lo menos no tan consciente. Está aquí, en mi cuerpo, lo ha tomado por completo, tiene una presciencia irremediable e irrefutable, aunque no pueda verla, ni tocarla.

No se cuántos modos de aparecer y llegar tiene. En mi, irrumpió ni bien me dieron las nuevas: "tenemos no buenas noticias". La muerte hizo su trabajo, de eso se trataba. Cuando lo escuche de cuerda vocal del médico, deje de oir, se me fue la audición por unos segundos, y cuando volvió sufrí un mareo. Me aturdió como un golpe. "Falleció esta madrugada". A partir de entonces iba a repetir, y a escuchar, esa palabra, que quiere ser respetuosa, mantener las distancias. Falleció es la palabra que usamos para dar la noticia de la muerte. No dije, ni escuché decir "fulano murió", salvo en contextos íntimos y familiares.

Ni bien me repuse del mareo fugaz, fue como sentir una coraza que se armaba y me endurecía. Defensivo le escupí al matasanos: "ya lo sabía".¿Cómo iba a saberlo? Habré querido decir, "lo intuía, lo esperaba"; pero ¿saberlo?. El tipo seguía hablando y diciendo cosas que, supongo, el creía que yo quería escuchar: que "falleció durmiendo", que "no sufrió". Ahora no lo escuchaba, (que no es lo mismo que no oírlo), en mi cabeza buscaba cómo seguir. De pronto lo interrumpo "¿y a dónde voy ahora?, en el Hospital debe morir gente todo el tiempo, ¿qué hacen los familiares?" . El medico sigue insistiendo en un monólogo: falleció, dormido, sin dolor, anestesia, paro cardio respiratorio. Vuelvo a interrumpir, enojado, "¿Dónde voy? ¿Qué tengo que firmar? ¿Dónde retiro el cuerpo?". Las palabras firmar y cuerpo, vallaron su actuación: "Anda con la trabajadora social".  Me fui entonces por el hospital y mientras caminaba me llamó la atención que no podía leer los carteles. Los carteles parecían con errores, pero no podía determinar si sí, o si no, estaban mal escritos. ¡No podía leer! O mejor dicho, sabía que podía hacerlo, pero requería de mi unos recursos enormes; cuando en una situación normal, en un pestañear, habría entendido los letreros.

Cuando llegué con la trabajadora social sentí alivio. Al fin alguien que trate el tema de manera burocrática. La tan odiosa burocracia, el trámite, la diligencia, ahora eran como un colchón inflable, como un airbag que impedía que desquicie. Retroactivamente puedo ver que lo más duro de todo fueron esas cinco, o seis horas, en que demoré en poner en marcha la maquinaria administrativa que se encarga de estas cosas. La gente muere todo el tiempo y existen un espeso manojo de procedimientos, empleados y oficinas que se encargan de hacer algo con el fallecimiento, con la defunción. Cuando pude burocratisar mi caso, la angustia cedió una pizca y apareció alguito de dolor. Por lo tanto caí en la cuenta de que estaba con una angustia enorme, pues no tenía con qué confrontarla para darme por enterado de su presencia. Es como el cuento del monocromo azul; si sólo existe el azul, no existe el azul. El azul aparece, en un mundo monocromo azul, cuando irrumpe otro color que permite llamar al primero azul. Entonces, así estuve cinco o seis horas: sólo angustia.

La trabajadora social es tajante: "esto se puede hacer de forma privada o no". La cuestión, si tenes guita para pagarle a la casa de sepelios, les llevas a ellos el DNI del difunto y el certificado de fallecimiento, y ellos se encargan de todo. Incluso, me dio a entender, los procedimientos se relajan, porque "ellos tienen gente adentro". En mi estado de angustia masiva entender la frase "ellos tienen gente adentro" me costó el doble que de costumbre, todo suena literal desde la angustia, no hay metáfora. Si no tenia la guita para que la gente, que tiene gente adentro, se mueva rápido tenia que morfarme el garrón de los pobres. ¡Cómo los cagan a los pobres! Ya por empezar, como eran pasadas las dos de la tarde, tenía que volver mañana a las ocho de la mañana porque el Registro Civil de Florencio Varela ya había cerrado. Pero como había comprado a la gente que tiene gente adentro, ese tramite no hacía falta, o se hacía después, o alguien sabrá qué carajo. La cuestión es que, yo necesitaba que la cosa avance. No podía sostener mi psique un letargo de doce horas sin accionar la burocracia mullidita. Y si no tenía la guita, me tenía que ir a mi casa, a veinticinco kilómetros del hospital, para volver a primera hora, a hacer un tramite, en un lugar que prometía ser el primero de una larguísima cadena de pasos. La burocracia de los pobres era una maquina de tortura, pero la burocracia de los que comen gente, perdón, los que tienen gente adentro, era confortablemente adormecedora.

"Ok! Señora trabajadora social, puedo conseguir la plata", parecía la respuesta a un llamado extorcivo del secuestrador. Quieren el cuerpo, denme la plata. "En ese caso, trae el DNI y pedi el certificado". El DNI?, el DNI? uuuuuuhhhh... esta en la loma del culo, a la vuelta.

Mi celular había tambien fallecido. Tengo un aparato de mierda, tenemos, todos nosotros, los argentinos dos celulares per capita en nuestro país, que sirven para mirar porno, ver gente cagándose a piñas, comentar chismes, mirar Facebook, sacar fotos, tomar vídeos, comprar, pero cuando realmente lo necesitas, cuando tenes que dar una mala noticia, una no buena noticias, la mierda esa no anda! A buscar un locutorio. Llamo a mi hermana para que traiga el DNI, y le aviso las noticias no buenas.

Mientras espero, ¿espero? El tiempo dejó de existir. Pasaron cinco horas hasta que llegó el DNI pero para mi fueron un manojo de minutos que se mesclaron con charlas locas y partes de mala noticia. "Sí, falleció esta madrugada", "Sí, no sintió dolor", "Sí, falleció esta mañana", "Sí, no sufrió". Un speach, se me armó un cuentito que repetía mientras el tiempo no me sucedía llegando el DNI.

Una de las charlas, con un amigo, me dió una clave valiosisima para poder seguir lo que me tocaba. Mi amigo acertaba "la muerte de un padre es un momento único que requiere de vos todo el protagonismo, sólo ocurre una vez". Si no hay qué venza a la muerte, sí existe algo que casi lo hace, es la amistad. Las palabras de un amigo ordenaron el espacio afectivo corporal, me pusieron otra vez en la tierra, fueron el atalaya en las pampas desoladas de la angustia, hasta llegar a  la mullida burocracia de la casa de sepelio.

Nos encontramos con mi hermana en el estacionamiento del hospital. Me dijo: "El DNI está en el bolso, yo no lo quiero ni abrir". Abrí el bolso como si fuese el cuerpo mismo del difunto, ahi estaba el librito verde que me permitía salir de la pausa espesa. 

A partir de allí todo con aceite: DNI, denuncia, certificado, donación de corneas, casa de sepelio, pagares. En la casa de sepelios entre como un novato y salí experto en las artes del tramite mortuorio. Fuimos a la sala donde se exponen los cajones fúnebres y elegí el combo para la situación. Lo íbamos a cremar, por lo tanto no tenía sentido gastos extraordinarios en el ajuar. ¿Pero algo tenía sentido? Todos esos cajones, ordenados de menor a mayor precio, listo para ser incinerados o enterrados y corrompidos por el tiempo. Todos, por default, tenían crucifijo. Mi cabeza traducía y ordenaba buscando una sola dirección: "quiero terminar pronto con todo esto". 

El funebrero me pregunta "¿qué contextura tiene el difunto?", "como yo", le respondí y sentí el frío filo de la guadaña con su promesa certera de un mañana incierto. Ajustamos los detalles, va a ser a cajón cerrado, de ocho a catorce y lo cremamos. Esa noche no dormí un carajo. Al otro día estuve parado y fumando en la puerta del velatorio. Me dolía el cuerpo de manera horrible. No llore, ni sufrí. Todo ocurría a la manera en que la angustia procede: dolores, inapetencia, ansiedad, insomnio, speach, abrazos de tapia. Pude sentir sin embargo, que algunas presencias funcionaron como puntales que me sostenían. Cuando todo terminó almorcé mecánicamente y me fui a dormir... catorce horas seguidas, ni las ganas de mear me despertaron.

Una situación fue realmente horrible, cuando tuve que firmar para que trasladaran el cuerpo me dirigí al sector de "Anatomía patológica" del hospital. Si uno no trabaja ahí, o no tiene un muerto que retirar, no transita por Anatomía patológica. El lugar es horrible, queda en la parte de atrás, de la parte de atrás del hospital. Su arquitectura esta dispuesta para el transito fluido de cadáveres; y si digo fluido, digo fluidos del cadáver, que los enfermeros y operarios del servicio deben lavar en unas duchas que, a primera vista, no tienen sentido, salvo cuando podes visualizar que algunos cuerpos deben ser lavados para su ingreso o traslado. Los pibes de la unidad de traslado se pusieron guantes de hule y encararon por la rampa hacia la ancha puerta que conducía a la morgue. No me iba a quedar ahí.  

Pasaron unos días y la angustia sigue. Ya no es sólo angustia, lloré un poco y comencé a sentir algo de dolor. La angustia opera en mí cerrando los conductos por donde siento el placer. Algunas pocas cosas me llenan: amar, comer asado con amigos, jugar fulbo y escribir/leer. Nada pude hacer hasta ahora de todo ello. O sea, lo hice, pero no lo hice. A los días estaba en lo de un amigazo y todo estaba dispuesto para nutrirme de esos recursos inmateriales que se dispensan en la parrilla, en el brindis, en la charla. Pero no estaba ahí. Mi cuerpo sí, pero los receptores no recibían nada. Me sentí un zombi. En otra ocasión jugué fulbo, y lejos estuve de jugar; como dicen "no dí pie con bola". La sensación es que se me rompió algo adentro, que sólo el tiempo puede soldar; aunque quede la herida, una que va doler cada tanto. Pero ahora no, no hay dolor, hay angustia. 

La angustia es como una montaña, que irrumpe en el medio del río, de la nada. Ahora está ahí, mientras el río le come la base. Lo hace, de a poco; sé que el agua se la llevará, pero mientras tanto... 

...hay una montaña en el medio del río.