sábado, 15 de enero de 2022

Laburar y deambular vs hacer la temporada y remarcar

 https://www.infobae.com/sociedad/2022/01/13/pinamar-turistas-impidieron-que-la-policia-le-quite-los-churros-a-un-vendedor-ambulante-e-intervino-el-intendente-martin-yeza/

TRABAJAR DE VACACIONISTA

 Llegamos de vacaciones, pero seguimos con la lógica laboral. Seguimos trabajando de vacacionar. Las vacaciones son sometidas a un régimen productivista de "hacer rendir". Ya no en términos puramente laborales o económicos, sino de goce. El trabajador vacacionista sigue en continuidad con el taller, la fabrica, la oficina o el comercio. Pero ahora su mision es producir beneficio en goce. 

Al trabajador vacacionista se lo ve montado en una línea de ensamblaje diario vacacional, con horarios, rituales y ritmos regulares. En su cara se ve que no quiere seguir trabajando pero en lugar de escapar del circuito económico/productivo e ingresar en verdaderas vacaciones, permanece en los senderos en continuidad con las practicas anuales. 

La otra noche fuimos a la playa a ver las estrellas y a escuchar el mar. Las gentes mientras tanto trabajaban de gozar en los locales de comida, en la peatonal, en los bazares, en la feria jipi. No había casi nadie en la playa, increíble. Y los pocos que estaban, a pesar de la luz de la luna, caminaban alumbrando con su celular. Como  si no pudieran ir a la orilla sin soltar el dispositivo pantalla que los baliza. Van hasta el borde del dispositivo aferrando la boya que los geolocaliza en el entramado productivo. Con sus linternas prendidas, con sus GPS encendidos, con sus "redes sociales" activas.



Entonces dejamos nuestros trabajaos allá, pero seguimos trabajando. Ahora trabajamos de vacacionar. Pero éste habito puede ir aflojando con los días, a medida que se deja absorber uno por el entorno que es contorno, que es orilla. Esa triple frontera entre el mar, el cielo y el continente, o sea la playa, podría lograr horadar la alienación laboral vacacionera. Quizás el hedonismo de los limites, de los cuerpos semi desnudos, del murmullo permanente de las olas; y el abrazo, sin pausa, estival,  de la atmosfera costera pueda diluir esa pasión alienada del rendimiento permanente. De todos modos, éste "dejar de trabajar" no está asegurado.

Otro tema que he notado es el nivel de frustración que producen éstas vacaciones. Se montan sobre ellas unas expectativas desmesuradas, lo que deben ser, o lo que deben provocarnos. Medio año fantaseando con ellas, y cuando estamos en el lugar, no podemos dejar la oficina, el taller o el comercio. Por lo tanto no se produce el descanso, ni mucho menos toda la sarta de fantasías reparadoras que le pedimos. Nuestras vidas siguen siendo las mismas pero fuera de los lugares de confort que dejamos al partir; lo cual agrava las cosas. 

Las vacaciones deberían, o bien, no ser un momento de trabajo en absoluto, o bien un momento de cierto trabajo interno; o quizás las dos cosas. No trabajar de ningún modo en el sentido del rendimiento económico o de goce; y al mismo tiempo, un momento de trabajo interno, donde endurecernos, o volvernos mas tiernos (cada cual sabe que necesita). 





miércoles, 12 de enero de 2022

HACER LA TEMPORADA Y CORRIDA DE PRECIOS




Estoy en el chino del pueblo costero. Llevo una bolsa de carbón: "$290" me dice la cajera. Se corrige "No para, $320!!! en la cara10% de aumento. 

Voy al bazar playero, delante mío una señora compra regalos de reyes. La vendedora se confunde los precios, no se los sabia. Agarra el celular  y meta llamar a alguien que le pasa los nuevos números. Y cada vez que la clienta le pregunta cuanto cuesta algo, del otro lado del teléfono, ZAS!!!  

Otro día. Voy al super. compro un repasador. En la caja delante mío una chica con un mate. Pasa el mate y no sale el precio, pasa el repasador y no sale el precio. ¿Cómo se llama la obra? están tocando tanto los códigos que el sistema de escaneo de las cajas se cae. Salgo del super y paso por un bar. Pido un volante. En casa quiero ver la carta con el código QR: no anda. ¿adivinen porque? porque están cambiando los precios.



Contaba el otro día la alegría de los vendedores ambulantes por la buena temporada. Es muy fuerte ver el contraste con la actitud de los comerciantes locales. La ambición desenfrenada de unos y la alegría satisfecha de los otros.   

Obvio que no digo que todos los comerciantes son avaros y todos los laburantes son buenos. De echo conversando sobre ello me señalaban que los laburantes no tienen la posibilidad de modificar directamente su sueldo, como sí la tienen los comerciantes con los precios. 



Sólo transmito impresiones. Veo a unos crispados, avaros, tratando de pescar hasta el ultimo peso. Y veo a otros, vendedores, mozos, cocineros, conductores, etc... alegres, satisfechos, porque esta funcionando, porque hay mucha gente, porque gastan...

Sólo eso, crispación, avaricia e inflación; versus alegría, satisfacción y laburo



domingo, 9 de enero de 2022

El saber: sistemas abiertos y dinámicos

A mediados del siglo XX, en el campo del conocimiento, vemos nuevas disciplinas que comprenden los sistemas dinámicos: la cibernética y la ecología cultural. 
Respecto de la primera, Reynoso la considera dentro de las “teorías o modelos sistémicos” (...) “por su énfasis en los fenómenos dinámicos, en los universos totales abiertos a su entorno, en los procesos complejos y en las interacciones fuertes”. La cibernética fue propuesta por Norbert Weiner hacia 1947”[XXIII]


El otro antecedente es el enfoque ecológico. “Después de la Segunda Guerra Mundial se comprendió que no son las especies como tales las que constituyen las unidades de supervivencia, sino los sistemas de especies, en el contexto de un medio ambiente. Este es, en síntesis, el modelo ecosistémico, elaborado en ecología humana y animal por Howard Odum, R. Margalef y otros autores”[XXIV]



Este enfoque, en el campo de la antropología y la arqueología, inaugura la pregunta: Cómo funcionaban las culturas vivas, más allá de la impresión estática que se habían hecho los arqueólogos hasta entonces. Además se hace evidente el hecho que “las culturas no se relacionan simplemente unas con otras, sino también con el entorno. Steward bautizó con el nombre de “ecología cultural” al estudio de los modos en los que la adaptación al medio puede motivar el cambio cultural”[XXV]

En arqueología el caso paradigmático fue la “importante excavación de Clark, de Star Carr, en el noroeste de Gran Bretaña, a principios de la década de los 50, demostró el gran volumen de datos que se podía extraer”[XXVI].



En definitiva, a mediados del siglo XX se da un pasaje en el modo de conocer y producir conocimiento: de la Historia al Sistema. Las preguntas, que a partir de ahora van a orientar el pensamiento, cambian. La pregunta sobre el origen es reemplazada por: ¿Cómo funciona?; ¿Cuáles son las leyes del funcionamiento? 


Este nuevo modo de conocer tiene efectos sobre el modo de concebir el tiempo que se conoce. Contempla la suspensión del tiempo histórico para que tenga lugar el tiempo lógico. El tiempo del sistema, o de la estructura, es un tiempo no-histórico, plegado a la dimensión sincrónica. 

Acceder a este tiempo novedoso es la puerta de entrada a un nuevo objeto: los sistemas. Una característica novedosa de estos nuevos objetos es el carácter dinámico, de feedback, o retroalimentación con el entorno. Un ejemplo paradigmático de ello es el desarrollo de los termostatos.



Este nuevo modo de conocer, las nuevas preguntas, los nuevos objetos, impactan directamente en la tecnología; y ello directamente en el modo de pensar y hacer la guerra. En el siglo XIX se funda una fructífera relación entre el campo de la guerra y el de la ciencia. Pero durante el período que abordamos, (que llamo de la modernización) este vínculo se estrecha aún más, puesto que la ciencia en muchos aspectos se profesionaliza, al mismo tiempo que se vuelve orgánica del aparato militar industrial. En adelante la guerra, como nunca antes, va a ser el motor del progreso de la ciencia y de la técnica. Y al mismo tiempo, todo ese nuevo saber es refractado hacia otros campos disciplinarios.

Durante principios del siglo XX era común la construcción de cronologías relativas, sobre la base de los extendidos estudios estratigráficos realizados hasta entonces. Pero en 1945 ocurren por primera vez las secuencias cronológicas absolutas gracias a la datación por radiocarbono. “La medición absoluta del tiempo mediante métodos científicos es sin duda uno de los grandes logros de la investigación interdisciplinar. Fundamentalmente se trataba de combinar la física y la química con la arqueología. Willard Libby fue el primero que desarrolló con éxito la técnica del radiocarbono, justo antes de finalizar la guerra. Su trabajo fue recompensado con un Premio Nobel en 1960”[XXVII]. A partir de ahora los arqueólogos podrían datar cualquier objeto sin necesidad de recurrir a complicadas cronologías comparadas de culturas datadas por métodos históricos.



Otro caso notable, de relación estrecha entre los campos del conocimiento y el de la guerra, es la ya mencionada cibernética que se “concibió poco después de la Segunda Guerra mundial, en relación con el control y la corrección del tiro de los cañones antiaéreos”[XXVIII]. A través de la operación de feedback, o retroalimentación, el sistema de tiro lograba auto corregir el disparo haciendo que “los efectos pasaran a formar parte de las causas”[XXIX]




Otro ejemplo: se trata de “una invención capital. En 1935, el Ministro del Aire de Inglaterra había preguntado por el rayo de la muerte, para ver si era imaginable utilizarlo contra bombarderos enemigo. Watson Watt, del National Physical Laboratory, le respondió que el rayo de la muerte no era realizable bajo esa forma, pero , en cambio, que no era imposible detectar un avión fuera del radio de la vista humana, gracias a la reflexión de las ondas electromagnéticas en la ionosfera, De esa respuesta nació la Radio Direction Finding, que cambiara sus iniciales RDF, por el nombre de RADAR“[XXXI]. La lista es larga, a vuelo de pájaro podemos mencionar la fisión nuclear, la cohetería y el motor de propulsión a chorro para aviones. Estas invenciones son producto de la relación simbiótica y estrecha que se instituye en el complejo militar industrial.



El efecto que tienen el radar y el sonar en el campo bélico es similar al efecto que producen la aparición del método hipotético deductivo en el campo de la filosofía de la ciencia. Pero argumentar sobre cómo la guerra produce una abstracción del campo de batalla es un poco más difícil que hacerlo en el campo del conocimiento. Veamos los antecedentes:
En la batalla de Sadowa, en 1866, el ejército prusiano realizó una gran innovación. El tren movilizaba las tropas y el telégrafo movilizaba las órdenes. Así se expande el campo de batalla. Y ya no habrá Gran Comandante que se encuentre en el campo de batalla dirigiendo. Ahora el que manda lo hace desde afuera del teatro de operaciones. Von Moltke lo hacía detrás de un mapa en el cuartel general. En éste ejemplo ya encuentro cierta abstracción del campo de batalla. 
Pero no es hasta la aparición del radar que se funda un espacio nuevo dentro del campo de lucha. La zona de conflicto es alterada, por lo menos en dos sentidos: uno, se le agrega una variable radicalmente nueva: la velocidad (ya lo vimos con la guerra móvil); por el otro, se duplica en un espacio abstracto, proyectado sobre el espacio aéreo, pero que no es el espacio aéreo mismo, sino una virtualidad producida por una máquina llamada radar. Ese espacio radárico se superpone sobre el viejo campo de batalla.
El radar es a la lógica de la guerra lo que la Teoría General de los Sistemas, o el método hipotético deductivo es a la ciencia. Es decir, lo empírico, lo puntual, lo particular, deja de ser la piedra de toque para pensar. Antes de la aparición del radar los ejércitos sólo podían avistar aviones enemigos con la visualización desde tierra, en puestos de avanzada. A partir del radar el enemigo es un punto en una pantalla.




La abstracción del espacio de verdad ocurre también en la arqueología. Lo vemos respecto de la polémica entre historia cultural y la Nueva Arqueología, donde la primera ve sólo un objeto arqueológico, un punto, la segunda ve todo un espacio, totaliza el volumen que rodea al objeto. La Nueva Arqueología, a partir del objeto empírico logra la explicación del sistema de prácticas que hizo uso de ese objeto. La totalización significa, en éste, caso desplazar la atención puesta en el objeto, para ponerla en las conductas que hicieron uso de él. Y también podemos ver cómo en la Arqueología, al igual que en el arte de la guerra y la epistemología, aparece la dinámica y la movilidad: ya no la descripción exhaustiva del objeto hallado sino el estudio de una cultura hipotética viva, versátil, fluyente, contrario a la cultura material del historicismo.

Este periodo que va desde la segunda guerra mundial hasta la crisis del petróleo a principios de la década de los 70, la llamo modernización. Aquí repasamos brevemente la modernización en el campo de la epistemología, la guerra y la arqueología.

La costa atlantica

 Aca estamos, en el borde del continente. Quizas un borde geografico permita forzar de algun modo un umbral del dispositivo, para quedar un poco en el limite y poder pensar desde ahi.


viernes, 6 de marzo de 2020

martes, 3 de febrero de 2015

Nisman o la política excluyente

La gente de a pie no tenía ni idea qué era eso de la “guerra de inteligencia”, ni de qué la iba la denuncia del Fiscal Nisman. Era otro capítulo más de la puja entre el gobierno y el monopolio. De pronto, y por arte mediático, la cara del fiscal inunda los medios: hallaban su cuerpo muerto sin vida.

¿Alguien vio el cuerpo? Sólo queda confiar en los que dicen haberlo visto. Y sólo queda confiar. Confiar en los que dicen haberlo visto suicidado; en la palabra de otros, (algunos de los cuales operan sin escrúpulos), mientras nosotros miramos la pantalla.

Pero no es un momento apacible donde sólo queda confiar y ya. Muerto el fiscal, (o mediáticamente muerto el fiscal, o el fiscal muerto en los medios), es cómo si la burbuja de vidrio con nieve adentro se agitase fuertemente y empezase el juego de las sillas. La noticia es replicada a toda velocidad y lo único que se sabe es que el tipo está muerto. A ver, algunos lo saben, la mayoría, la extrema mayoría de la audiencia, de los espectadores, de los consumidores de información, no sabemos nada, sólo tenemos información muy manipulada. El juez, los que instruyen en la causa, algunos peritos, y algunos participes de las esferas más altas del poder político, económico y mediático realmente saben. A nosotros, los espectadores, sólo nos queda confiar, mirar, escuchar, leer.

Volviendo a la burbuja de cristal con nieve adentro: la noticia, y las interpretaciones, se multiplican rápido, y empieza un combate político (abierto por las incertidumbres del caso). ¿Lo mataron? Y si lo mataron, ¿lo mato el gobierno? ¿O lo mató otro agente interesado?, (la CIA, un ex SIDE, el Mosad, los Iranies). Y si se suicidó, ¿fue inducido?;  y si no, ¿sólo hubo convicción, sin influencia de terceros? Y si se suicidó sin ser inducido, ¿fue porque se vio derrotado y avergonzado por un probable papelón al denunciar una fantochada? ¿o su suicidio es parte de una estrategia altruista, y el fiscal ha querido adjuntar, a una denuncia sosa, un fiambre? Porque, a mi entender, esa denuncia no es más que otro episodio de “Periodismo para todos”, acompañado por firma, sello y membrete. Sin embargo, con cadáver adjunto, la denuncia deviene un verdadero artefacto explosivo.

Usualmente, ante circunstancias similares, es decir, un fiscal que denuncia al presidente, y aparece “suicidado”,  la historia enseña que a ese muerto se lo cargó el poder político; (es decir algún esbirro del poder que operó con toda la impunidad que el caso le permitía). Sobre esas marcas que ha dejado la historia de la política en la población se acomoda el caso Nisman. Pero hay otras marcas más. Hemos visto al poder económico, mediático, para-político, operar de los modos más tenebrosos y desestabilizadores. Entonces sobre esas marcas también se apoya el caso Nisman.

El tema es que, en lo inmediato, mucho antes que la Justicia hable, existe una urgencia política en los operadores. Y esos operadores van a montar sus trucos sobre las marcas antes dichas. Hay una potencialidad política en la situación abierta a la que se le puede sacar provecho. Y esa potencialidad caduca. Cuando la justicia se expida ya se habrá agotado. De hecho la potencia surge del desfasaje temporal entre la vertiginosidad mediática y la minuciosidad judicial (ni hablar de la parsimonia burocrática). En ese tiempo en que el elefante blanco dictamine la verdad jurídica, la verdad mediática será zamarreada de aquí para allá.  Esa verdad es transitoria, es efímera, pero tiene efectos concretos y altas chances de mover el tablero.

Esa guerra por la verdad urgente y mediática produce espectadores de la política. Producen sujetos que quedan paralizados sin capacidad crítica, reducidos a consumidores fieles a sus vehículos de información.  Todos aquellos que hemos sido interpelados por la primera noticia, la que decía del hallazgo del cuerpo del fiscal, hemos sintonizado el canal, el programa, el diario, la página que acompaña nuestras sospechas; y las alimenta. Nos hemos vuelto repetidores activos de contenidos, polemizadores acérrimos, acríticos, monocordes, monotemáticos. Todo ello produce empobrecimiento simbólico, signado por el antagonismo automático. En la base de la pirámide sólo encontramos radicalización de la opinología.  

El caso Nisman es tan incierto, estamos, los de a pie, tan lejos de saber algo sobre él, que sólo nos queda reforzar el posicionamiento ideológico anterior. Para cada sujeto no hay dudas al respecto. No hay dudas que lo mató el gobierno. No hay dudas que es una jugada del monopolio o del Norte. No hay dudas que todo esto es una prueba más de lo abyecta que es la política. ¿Y por qué nadie duda? ¿Por qué  frente a un caso plagado de incertezas los espectadores políticos no tenemos dudas? Porque la duda aparece cuando tenemos un cuadro de situación parcialmente armado y de modo intermitente aparecen opacidades. Es decir, sólo cuando nos podemos figurar el cuadro general, pero algunos aspectos parciales nos quedan en las sombras, tenemos dudas.

Si todos los aspectos de la situación son evidentes no hay dudas. Pero si ninguno lo es tampoco podemos formarnos la. Y ante la impotencia de hacernos la duda nos quedan dos caminos: o bien mantenemos la incertidumbre (lo cual, creo, estamos a millones de años luz de distancia, y además poseemos una ajenidad cultural de dimensión geológica con respecto a tolerar la incertidumbre), o bien tomamos posición de certeza. Entonces todos opinamos y aseguramos saber qué pasó: lo mataron, lo indujeron al suicidio, se suicidó, son todos unos boludos, la política es una mierda, se mató por forro, lo mató el Mossad, etc, etc, etc...

Si algo defiendo del kirchnerismo es su capacidad de politizar la sociedad. Lo hizo con el conflicto con el campo y la 125, lo hizo con el matrimonio igualitario, la ley de identidad de género, la ley de medios y la democratización de la justicia. Defiendo la horizontalización de la política, la politización de la sociedad, la generalización de la participación. Pero el caso Nisman logra la victoria de la política excluyente, la verticaliza, arma una pirámide donde el juego se juega en el vértice y lo juegan pocos. Nadie sabe nada y lo poco que se sabe lo saben pocos. Todo se vuelve incierto y se propaga la angustia. “si te metes con el gobierno te matan”; “si te metes con la corpo y los de Norte te tiran un muerto”;  “si te metes en política, o querés cambiarla, te matan, o te tiran un muerto, o apareces suicidado”.  Sólo queda confiar, mirar la pantalla y opinar, mientras las fichas las mueven unos pocos, quieran o no.

Quisiera este alboroto por las denuncias de un poeta y no por los delirios de un fiscal. ¿Se imaginan si un poeta se las pasa diciendo a los cuatro vientos que va a denunciar al presidente y luego aparece “suicidado”? ¿Tendríamos este quilombo? Pues no. Y por eso, porque nos conmueven los delirios de un fiscal empedernido, sospechoso de todo, sin pruebas de nada, es que nos resta mil años de maleficios. El día que le temamos al poeta muerto por sus denuncias, y no a los delirios del fiscal, ahí habremos logrado algo como civilización.

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